¿Por qué inyectarse insulina?

Es la única forma eficaz de introducirla en la sangre. Si se administra por vía oral, se digie re en parte y no es tan activa, con lo cual no es posible controlar la cantidad de glucosa en La sangre. Aunque se han probado otras formas de obtener esta hormona, todas han revelado problemas, así que la inyección es la única opción práctica por el momento.

¿Por qué la inyección subcutánea?

En teoría, la insulina podría inyectarse en una vena o un músculo, igual que otros fármacos, como los anti­bióticos. Pero en la práctica, inyectarla varias veces al día en una vena sería difícil, y las inyecciones intra­musculares son dolorosas. Ambos métodos se usan a veces en circunstancias especiales, por ejemplo, en caso de enfermedad o cuando el paciente no puede comer con regularidad debido a una intervención quirúrgica.

¿Qué tipos de insulina existen?

En función de la rapidez con que surten efecto se di viden en variedades de acción rápida, intermedia o prolongada. La primera es transparente, mientras que las otras dos son turbias debido a los aditivos para re­ducir la velocidad de absorción subcutánea. Puede in­yectarse insulina de acción corta e intermedia con la misma jeringuilla, pero la transparente no debe con­taminarse con las turbias. Por este motivo, la transpa­rente se prepara siempre primero.
Si le resulta difícil mezclar las insulinas, puede usar una de las clases ya preparadas que contienen propor­ciones distintas de insulina de acción rápida e inter­media. Los tres tipos de insulina proceden de anima les (porcina o bovina) o, gracias a la ingeniería gené tica, de la hormona humana. Parte de la llamada insu lina humana es en un principio de origen porcino, pero se modifica de forma que no puede distinguirse de la humana.

¿Es mejor la insulina humana?

Suele ser la más recetada. Su menor antigenicidad y su mayor pureza han propiciado el desplazamiento de las demás en la mayoría de países occidentales. Sin embargo algunos pacientes que han pasado de la insulina animal a la humana afirman sentirse peor tras el cambio. Parece ser que la insulina humana se ab sorbe algo más de prisa, si bien no se han detectado diferencias apreciables entre ambas en condiciones de control. Aun así, algunas personas prefieren los pre­parados animales y su suministro está garantizado en el futuro inmediato.

¿Por qué inyectarse insulina varias veces al día?

El objetivo del tratamiento con insulina es imitar en lo posible el aporte natural del organismo. El pán creas de una persona sin diabetes libera insulina como respuesta a la ingestión de alimentos. Cuando la cantidad de glucosa sanguínea dis minuye entre las comidas, la de insulina también lo hace, aunque nunca llega a cero y no existe ningún momento del día en que no sea detectable en la san gre. Lo que se persigue con las inyecciones de insuli na es reproducir la pauta normal de producción de esta hormona por parte del páncreas.
Existen varias formas de lograrlo con los distintos tipos de insulina y número de inyecciones al día. Por ejemplo, mucha gente sigue un sistema que compren­de tres inyecciones de insulina de acción corta antes de las tres comidas principales del día, y una de insu lina de acción intermedia o prolongada por la noche para controlar la glucemia mientras duermen. Otro sistema habitual y también útil consiste en dos inyec ciones al día de una mezcla de insulina de acción cor ta e intermedia. El componente de acción corta cubre la comida que va a tomarse (desayuno o cena) y el de acción intermedia, el almuerzo o la noche. Muchas personas han utilizado uno de estos dos sistemas du­rante años, y la elección entre ambos suele ser una mera cuestión de gusto personal.
Si usted es una de las pocas personas que no se acostumbra a inyectarse varias veces al día o si sólo presenta una insuficiencia parcial de insulina, quizá le baste con una o dos inyecciones diarias de insulina de acción intermedia o prolongada.

Técnica de la inyección de insulina

El equipo de atención le indicará cómo inyectarse y le explicará los diversos dispositivos que existen. Hoy en día, muchas personas usan agujas y jeringuillas de-sechables de plástico, aunque algunas siguen prefi­riendo las de cristal con agujas desechables. Las dese-chables pueden usarse muchas veces con poco riesgo de infecciones. Suelen tirarse cuando la aguja se despunta y las in-g yecciones resultan molestas.
También se usan mucho los inyec tores o bolígrafos de insulina, por la comodidad y fa cilidad de transporte. En España, la Seguridad Social cubre los bolígrafos. Existen varios tipos de inyecto res, pero el sistema en que se basan es muy parecido. Se trata sólo de elegir el que le vaya mejor.
Como ya hemos visto, la insulina se inyecta subcu­tánea en lugar de en una vena o un músculo. Las in­vestigaciones recientes indican que muchas personas se inyectan mal y la insulina llega al músculo por error. Inyectarse a la profundidad adecuada puede ser difícil de calcular, sobre todo cuando uno es de cons titución delgada, pero es importante dominar esta técnica porque la insulina se absorbe en la muscula tura con mayor rapidez de lo deseable.
El equipo médico le enseñará a hacerlo bien, pero la forma que resulta más fácil a mucha gente consiste en tirar de la piel e inyectar en esa zona con un ángu lo de noventa grados. No tire con demasiada fuerza porque el pinchazo le dolerá.
Existen agujas de varias longitudes para los pa­cientes que se inyectan sin querer en el músculo; debería comentar este problema con el equipo de atención.
Las mejores zonas para inyectarse son la parte su­perior de los muslos, las nalgas y el abdomen; con­viene no inyectar siempre en la misma zona porque podría formarse un bultito adiposo (llamado lipohi-pertrofia) en ella, que afectaría la absorción de la in­sulina.
Quizá sea buena idea inyectar la insulina de acción intermedia o prolongada en los muslos o las nalgas, y reservar el abdomen para la de acción rápida. Sin embargo, lo más importante es que las zonas elegidas le resulten cómodas.

¿Me dolerán o dejarán marca?

Las personas que llevan años inyectándose afirman que no notan nada, aunque muchas experimentan un ligero dolor al principio. Intente relajarse y siga la técnica que le han enseñado. Hay quien aplica hielo a la piel durante unos segundos para insensibilizarla antes de la inyección.
Con la práctica verá que las inyecciones casi nunca duelen, pero si la cosa no mejora, conviene consultar al equipo médico para averiguar cuál es la causa del problema.
Las agujas son muy finas y no suelen dejar marca. A veces, quizá sangre un poco o incluso le salga un hematoma tras la inyección, pero no hay motivo de alarma. Sólo significa que ha pinchado uno de los ca­pilares que hay debajo de la piel, lo cual ocurre de vez en cuando. Las probabilidades de que la insulina entre directamente en la sangre son casi nulas.